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miércoles, 23 de marzo de 2011

Kimismo 2. El submundo de Monnie: marcianitos o kimismanos como queráis llamarlo

"No puedo convertirte en una belleza... porque, en este caso, la transformación siempre sería menos bella que el original"

Vencido por Altrus, Samuel huye de Candai junto con su familia. Se refugian en la entrada de una cueva y cae en una profunda depresión, hasta que una de las personas que viven con él es asesinada, lo que le obliga a reaccionar. Tendrá que investigar una muerte acaecida en extrañísimas circunstancias. Por si fuera poco, en los barracones de Candai desaparece un esclavo cada noche, evadiendo rigurosas medidas de seguridad... Además, una extraña joven (Monnie) entra como un torbellino en la vida de Samuel, y llega a sentir por ella un amor tan profundo que pone en peligro su vida en pareja con Laila, a pesar de que sobre ella recaen todas las sospechas de ser la autora de tan extraños acontecimientos.

Al terminar el libro, lo primero que pensé fue que era mejor que el primero: el estilo ha mejorado un poco, aunque sigue sin convencerme del todo, la aparición de Monnie es un soplo de aire fresco, teniendo en cuenta que Samuel no llega a caerme bien, pero Monnie, sí. Menos errores y una portada más bonita.

Aunque es una segunda parte, creo que se puede entender sin leer la primera, porque explica por encima lo que pasó en La odisea del último Kiyama a lo largo de la historia.

Es una buena historia que con la ayuda de un editor podría tener bastante éxito entre los fans de la ciencia-ficción y los "marcianitos" (como los llamo yo). Pero mientras no haya alguien que edite esta trilogía, sólo podemos animar a Elisa para que siga adelante y mejorando.

Así que, si os gustan los mundos alienígenas, dadle una oportunidad.





Gracias a Elisa Cotarelo

domingo, 26 de septiembre de 2010

Kimismo. La odisea del último Kiyama: extraterrestes y naves espaciales

"Te tendrán más que miedo, pavor..."

Samuel Kiyama es un joven ingeniero industrial que trabaja en una fábrica de automóviles en Madrid y vive solo desde que, hace varios meses, sus padres fallecieran en un extraño accidente de trafico, en el que sus cuerpos quedaron irreconocibles. 

Hijo único de emigrantes que llegaron a Madrid en busca de una vida mejor, su infancia y adolescencia han transcurrido bajo la excesiva protección de unos padres que, pese a tener una elevadísima preparación e inteligencia, desarrollaban labores que estaban muy por debajo de sus cualidades.  Y tenían especial empeño en mantener gran reserva sobre su vida, careciendo por completo de amistades y de vida social alguna. 
Tras la muerte de sus padres, realiza su primer viaje turístico para conocer el pueblo natal de donde ellos emigraron y a donde jamás habían querido regresar.
Allí descubre el terrible secreto que les llevo emigrar y su vida dará un giro radical, convirtiéndose en una auténtica odisea donde lo único que le importará es sobrevivir.
Para los que os gusten las películas de ciencia ficción, con marcianitos de orejas grandes y ojos saltones, este es vuestro libro, sin duda, y los que, como yo, veis más bien pocas de estas pelis, podéis probar a ver si leyendo se os despierta la vena extraterrestil (viva yo y mis palabras inventadas).
Como ya os he dicho, no soy una adicta a la ciencia-ficción, aunque nunca digo que no a una buena historia sea de lo que sea, también es verdad que nunca he visto ni Star Wars, ni Star Treck (sí, para matarme). Pero quería probar este libro. Y me ha gustado, es interesante aunque hay demasiadas explicaciones sobre todo lo que ocurre para mi gusto, pero claro lo más seguro es que sin ellas acabara más perdida que en El laberinto de Fauno. 
Algo que no me acaba de gustar son los diálogos, algunos parecen forzados y no me acaban de convencer. Y también las erratas, pero tenemos que tener en cuenta que es una auto-publicación.

Primer tomo de un trilogía que promete, con un poco de magia, planetas extraños, un malvado poderoso (y muy feo, por cierto), un pizca de amor (una historia sin amor, no es historia) y un sueño que cumplir...


Gracias a Elisa Cotarelo