"-Decía muchas cosas -le corrigió con dulzura-. Sólo que tú no las oías"A sus dieciséis años, Aislinn se comporta aparentemente como cualquier chica de su edad. Sale con sus amigas, le mola la música y tiene un chico en el punto de mira, aunque de esto último no está muy segura. Sin embargo, también hay algo en ella que no tiene nada de normal: al igual que su abuela, Aislinn es capaz de distinguir a los elfos que viven invisibles entre los humanos, un don increíble, que más que don es una maldición, pues a estos seres no les gusta ser descubiertos y suelen castigar con crueldad a quienes detectan su presencia. Así pues, siguiendo al pie de la letra las reglas secretas que le enseñó su abuela —nunca atraigas la atención de los elfos, no respondas a los elfos, no mires a los elfos— Aislinn tendrá que apañárselas para pasar desapercibida, especialmente a los ojos de Keenan, rey de los elfos, que se ha propuesto seducirla y convertirla en su reina.
Es un libro con un punto de vista de los elfos totalmente diferente al de los libros que yo me he leído. En los libros fantásticos donde aparecen elfos, éstos son los buenos, son en los que puedes confiar, los que te van a ayudar, los que aunque te compliquen la vida con sus acertijos no van a hacer nada en tu contra si no vas tu contra ellos. Pero, y si eso no fuera así? Y si los elfos fueran los malos? Unos elfos que no soportan el acero, las cruces, las corrientes de agua... a que os suenan estas cosas? A vampiros, por supuesto. Y si los elfos fueran como los vampiros, disfrazados como humanos pero sin buenas intenciones.
Aislinn lo sabe, pero eso no la va a salvar de lo que le vaya a ocurrir, aunque le dará ventaja.








