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miércoles, 11 de mayo de 2011

La chica del lago, de Steph Bowe

"Pasa por alto las rarezas de los demás y ellos lo harán con las tuyas"

Sasha tiene 17 años y, afectado por una leucemia en fase terminal, acaba de intentar suicidarse en un lago junto a su casa. Pero una desconocida de ojos inquietantes ha llegado justo a tiempo para impedírselo: se llama Jewel y ella tampoco tiene una vida precisamente fácil. Para empezar, su hermano murió en el mismo lago en el que Sasha ha querido quitarse la vida. A raíz de este accidente, el padre de Jewel se fue de casa y ella tuvo que irse a vivir al campo con sus abuelos. Al morir estos, Jewel tuvo que regresar a casa de su madre, pero la relación entre las dos es muy complicada, porque ahora son casi dos desconocidas. Tras conocerse en el lago, Sasha y Jewel entablarán una amistad especial. Y pronto ambos entenderán que hay muchas cosas contra las que no pueden luchar. Les queda poco tiempo, pero sus caminos se han cruzado y ahora eso es lo único que importa realmente. Una historia que habla sobre la verdadera amistad, la enfermedad, el amor y los conflictos familiares... y también sobre los enanitos que habitan en todos los jardines.

De muchos es sabido mi debilidad por las historias de amor tristes, de los dramas y más si el final es de los de llorar y usar una caja de pañuelos entera. Pero lo que más me ha gustado de este libro no es sólo eso, sino que es extraño, raro. Los diálogos, algunas reacciones de los personajes, no estamos acostumbrados a este tipo de escritura, sin embargo me ha gustado, me ha parecido que el estilo de Steph Bowe se acercan más a la realidad que el de otro autores consolidados. Serán cosas mían o puede que no, pero esta autora tiene futuro y espero leer mucho más de ella.
En cuanto al final, diré que es original, según como está la historia todos nos imaginamos cual va a ser el final, pero Bowe no nos lo cuenta, no nos cuenta eso que ya todos sabemos, nos obsequia con un último detalle de la vida de los protagonistas. Y así nos quedamos con la duda de si pasará lo que nosotros creemos o si al final fue lo contrario, porque aunque estemos casi segurísimos de que ocurrirá eso, en realidad nunca lo sabremos seguro.

Una historia dulce y triste. De amor y amistad. Con un final... extraño, o más que eso.


Gracias a Montena